El radón (radón-222) es un gas radiactivo natural procedente de la cadena de desintegración del uranio-238 y, por tanto, ubicuo en la naturaleza. La inhalación de radón y de sus descendientes de vida corta constituye la principal fuente de radiación ionizante para la población en general.

Mientras que el radón no suele presentar niveles altos al aire libre, en las viviendas tiende a acumularse y puede dar lugar a concentraciones muy elevadas, especialmente en zonas con suelos muy permeables o con un alto contenido de radio-226, puesto que la exposición prolongada a niveles elevados de radón implica un grave riesgo para la salud, diversos organismos internacionales, así como un buen número de países, han emitido recomendaciones o normativa de carácter obligatorio con el fin de controlar las exposiciones al radón tanto en las viviendas como en los lugares de trabajo.

En definitiva, desde 1998 el radón y sus productos de desintegración están reconocidos como carcinógenos humanos del Grupo 1 por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El modelo vigente de riesgo carcinogénico adoptado internacionalmente para el radón es, al igual que para la exposición a radiaciones ionizantes en general, el modelo lineal sin umbral, un incremento de 100 Bq m–3 en la concentración media de radón en una vivienda conlleva un aumento del 10% en la probabilidad de padecer cáncer de pulmón. Por otro lado, hay indicios, aún no suficientemente contrastados, de otros posibles efectos del radón (aumento del riesgo cardiovascular, alteraciones del sistema inmune, etc.) y de la particular susceptibilidad de determinados grupos de población.

La protección contra las exposiciones a la radiación natural, se incluyó por primera vez en la legislación española mediante el Real Decreto 783/2001, de 6 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de Protección Sanitaria contra Radiaciones Ionizantes (RPSRI), modificado por el Real Decreto 1439/2010, de 5 de noviembre. En concreto, el título VII del Real Decreto 783/2001 trata la exposición de los trabajadores a las fuentes naturales de radiación, destacando específicamente las exposiciones al radón (radón-222) y a sus productos de desintegración.

Las disposiciones del RPSRI se complementan con la Instrucción 33 (IS-33) del CSN, que recoge un nivel de referencia de 600 Bq m–3 de concentración media anual de radón-222 en aire para lugares de trabajo, así como una relación de las prácticas y actividades laborales que deben llevar a cabo, de manera obligatoria, estudios radiológicos sobre las exposiciones al radón a las que dan lugar.

Estas prácticas laborales son, en concreto, las que se desarrollan en:
• Lugares de trabajo subterráneos (incluidos aparcamientos públicos, metro, bodegas, minas-museo y cuevas turísticas, etc.).
Biomedicion, realiza las mediciones radiológicas precisas.

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Escrito por Biomedicion