Aislamiento acústico

Las actividades de restauración, como cualquier otra actividad, no deben provocar en el vecindario un nivel de emisión de ruido por encima del límite legal. Estos límites se establecen en el Decreto 176/2009, que despliega la ley de protección contra la contaminación acústica, y generalmente también en las ordenanzas municipales (aunque no siempre coinciden).

Evaluación del ruido en el ambiente interior: el que se transmite por la propia estructura del edificio, y que va del local en cuestión a la vivienda más afectada, generalmente la vivienda del primer piso. Las colindancias laterales están prohibidas en algunos municipios.

Evaluación del ruido en el ambiente exterior: el ruido que la actividad genera en el ambiente exterior, normalmente porque tenemos instalados equipos en el exterior del local: climatización y/o caja de ventilación. Menos frecuente son problemas de aislamiento de fachada.

El nivel de ruido que una actividad puede provocar tanto en el ambiente exterior como en el interior (viviendas) depende de su ubicación y de la franja horaria. El nivel de ruido interior depende exclusivamente de la franja horaria, aunque se pueden encontrar ordenanzas de municipios que también distinguen entre zonas geográficas (se puede hacer más ruido si el local está en una zona con mayor ruido de fondo).

Las administraciones han llevado a cabo un arduo trabajo en los últimos tiempos con la creación de mapas acústicos de las zonas urbanas. Se han elaborado los llamados “mapas de capacidad acústica”. Si cogemos el mapa de nuestra ciudad, podemos ver en qué zona acústica está nuestro local, y de ahí deducir el máximo nivel de inmisión acústica que nuestra actividad puede producir en el exterior.

Cuando se proyecta una nueva actividad de restauración, no hay manera de saber qué nivel de ruido emitirá, y por eso hay que partir de un valor estimado que generalmente se asume en 85dBA. Si tenemos en cuenta que el nivel de inmisión en horario nocturno es de 25 dBA, la resta de ambos da una cifra orientativa de 60dBA (aislamiento bruto).

Un aislamiento de 60 dBA es realmente muy notable, puesto que el DBHR del Código Técnico de la Edificación exige 55dBA (DnTA, ajustado al tiempo de reverberación de la sala receptora) entre local y vivienda. Lo más normal es que un local vacío de obra nueva en los bajos de un edificio de viviendas tenga un aislamiento que no alcance los 55dBA, sobre todo si los bloques de hormigón del forjado no se han sellado con una buena capa de yeso, o no se ha colocado algún revestimiento.

Actualmente se están aplicando 2 métodos para demostrar que una actividad está capacitada para no superar los límites de inmisión a ruido interior. Uno de ellos consiste en realizar un ensayo de aislamiento acústico normalizado con emisión de ruido rosa, y otro más aproximado a la realidad, consiste en poner en marcha toda la maquinaria de la actividad susceptible de generar ruido, y añadir una fuente de ruido rosa de 85dBA con un equipo especial “Dodecaedro” . El Ayuntamiento decide qué metodologías son aptas para realizar la demostración.

 

¿Tengo que aislar el local? ¿Será suficiente con colocar un falso techo acústico?

La respuesta a estas preguntas depende del Ayuntamiento, las características acústicas del edificio, la relación geométrica entre el local y el vecino más próximo, y el tipo de actividad de restauración que se quiera implantar. Es decir, no hay que aislar por sistema, sino lo que sea necesario para garantizar que no se superan los niveles de inmisión admisibles en la vivienda del vecino, y que el aislamiento del local a ruido rosa satisface las exigencias municipales (si existen).

Muchos problemas de aislamiento que tienen bares y restaurantes no tienen que ver con las características del forjado, sino con la existencia de puentes acústicos entre el local y la vivienda afectada. De la misma forma que el aislamiento acústico de una ventana no se percibe hasta que no se cierra por completo, sirve de poco cualquier mejora hasta que no se ataquen las vías de propagación principales. La principal vía de propagación son los huecos de instalaciones que recorren los edificios de arriba abajo. El sonido se propaga por estos huecos, a veces ayudado por chimeneas metálicas que actúan resonando en un hueco que en la mayoría de las veces no se ha tratado con ningún material fonoabsorbente. En una prueba de aislamiento la campana de extracción hará honor a su nombre y se encargará de transmitir los ruidos a la chimenea. Todo esto es perfectamente evitable sin gastar mucho dinero.

Para aislar un local de restauración de la vivienda superior, hay que actuar sobre las principales vías de propagación. Una vez eliminados los puentes acústicos, el siguiente candidato es el forjado (el techo). Actuar sobre el forjado elevará significativamente el aislamiento del local, pero llegará un punto en el que no obtendremos mejoras significativas, y para aumentarlo todavía más habría que actuar sobre las paredes (el siguiente candidato), y en especial las paredes que se encuentran con el forjado en los puntos de la planta superior de los cuales queremos aislar el local. Es decir, con el aislamiento tenemos que actuar donde hace falta y con equilibrio. Y ello no puede realizarse de otra manera que no sea realizando experimentos in situ. Orientando un altavoz hacia cada pared y cada techo, y tomando nota de la inmisión en la vivienda con un sonómetro, se puede determinar a groso modo el aislamiento de cada vía de propagación, y en base a ello decidir qué intervención procede en cada caso. Esos experimentos los realizamos en ATEN en cada nuevo local antes de decidir una solución de aislamiento.

Probablemente se habrá quedado con dudas en algunos conceptos mencionados, como la existencia de una A mayúscula junto a los dB, o con el concepto de reverberación. Para estas y otras cuestiones le remitimos a Biomedicion.com , como empresa especializada con los medios técnicos, mecánicos y humanos adaptados a la legislación específica de cada municipio.

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Escrito por Biomedicion